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¿Seguro de que estás despierto?

En primer lugar, Descartes se planteó la duda sistemática como vía de conocimiento; destacó la facultad del hombre de captar su propio pensamiento. Se interrogó, además, acerca de la existencia física de la conciencia. Uno de los motivos de duda aducidos por Descartes es la hipótesis del sueño, o la imposibilidad de distinguir la vigilia del sueño. En la Meditación 1ª, nos dice: “Con todo, debo considerar aquí que soy hombre y, por consiguiente, que tengo costumbre de dormir [...] Y fijándome en este pensamiento, veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo”.
En efecto, a veces tenemos sueños tan vivos que los creemos reales; por ello, no distinguimos la vigilia del sueño. Esto nos permite pensar que podemos estar dormidos y que las percepciones sobre nuestro propio cuerpo no son más que representaciones del sueño. Y aun más ¿cómo podemos probar que estamos despiertos y no dormidos? ¿ no podemos cuestionarnos esta pregunta en sueños? Así pues, este motivo de duda nos lleva a rechazar la seguridad sobre la existencia de nuestro propio cuerpo y del mundo material para llegar a la certeza más absoluta, para ello rechaza como verdadero todo aquello de lo que se pueda dudar aunque sea por la razón más remota. De modo que Descartes defiende la posibilidad de un conocimiento verdadero, objetivo y universal, que manifestó en esta afirmación: “Estoy seguro, porque dudo, de que pienso y [...] Por pensar, soy.”
Para René Descartes, la conciencia es una entidad absolutamente heterogénea e irreducible a la pura materialidad (extensión) del cuerpo, que se rige por leyes mecánicas. La conciencia, además, se halla provista de ciertos contenidos (ideas innatas) a los que se accede intuitivamente y que nos proveen de ideas claras y distintas a partir de las cuales, deductivamente, podemos fundamentar el edificio de todo conocimiento que sea cierto e indudable y, por lo tanto, verdadero.

En conclusión, debemos destacar hasta que punto el procedimiento de Freud es cartesiano en su punto de origen, en el sentido de que parte de la duda como base de su certeza. Así pues, para Freud, al igual que para Descartes, se trata de formular proposiciones de aquello de lo que se puede estar realmente seguro. No obstante, la duda freudiana está por completo al servicio de un objetivo diametralmente opuesto al de Descartes. Mientras que éste apela a la experiencia del sueño como la prueba más evidente de la incertidumbre de nuestros conocimientos, Freud llega a la conclusión inversa: cuanto más nos hace dudar el sueño, más confirma la duda algo verdadero.